Muchas han sido las personas a quienes el juicio de Lindsay Clancy les ha llamado la atención, y no soy la excepción.
Luego de saber lo que sucedió y la razón por la que juzgan a la madre por haberle quitado la vida a sus tres hijos de entre 8 meses y 5 años, es imposible no conmoverse ante una tragedia tan dolorosa.
Aunque no soy abogado (ni pretendo serlo), entiendo que el propósito de la justicia penal no es sanar ni consolar, sino aplicar la ley y castigar el delito de forma justa e imparcial.
Por eso me sorprendió que el jurado no alcanzara un veredicto unánime y el caso fuera declarado nulo.
Al escuchar las entrevistas a varios jurados, me da la impresión de que se enfocaron en buscar justicia para la madre y no para los tres niños.
Creo que la función de un jurado no es consolar a un adulto en su dolor, sino evaluar fríamente las pruebas.
Permitir que la emoción reemplace el análisis objetivo demuestra lo fácil que un juicio puede perder su rumbo.
Por eso creo que, al pasarle la culpa principal "al sistema" (los médicos, los medicamentos, la falta de ayuda), al jurado se le hace más fácil crear una historia donde la tragedia parezca inevitable y la madre resulte ser la primera víctima.
Más aún, creo que es posible que el sistema médico o la atención posparto hayan fallado. Y si eso se prueba, pienso que podría ayudar a reducir su sentencia.
Pienso que si la acusada actuó bajo un estado de trastorno mental grave, la respuesta de la ley no debe ser la absolución, sino el internamiento permanente en una institución psiquiátrica.
Una condición mental requiere tratamiento y custodia, no la impunidad del delito.
Imagínense que a un criminal en serie como Jeffrey Dahmer lo hubieran absuelto solo por su problema mental o porque el sistema no lo detuvo a tiempo, ¿verdad que resulta absurdo?
Creo que argumentar que "el verdadero culpable es el sistema" muestra que el jurado no evaluó el crimen con claridad, sino que buscó una excusa humana para reducir la responsabilidad de la madre.
Sin embargo, ese intento por entender o justificar el dolor nos recuerda los límites de la justicia humana.
Por encima de la justicia humana, lo que prevalece es esto:
Los tribunales están para juzgar hechos, pero el evangelio está para redimir personas.
Frente a una tragedia tan desgarradora, es fácil buscar culpables o señalar con el dedo, pero la fe nos llama a ver la condición humana con los ojos de Cristo.
Reconocer la gravedad de lo sucedido no nos impide orar por la salvación y la sanidad espiritual de una madre que también ha sido víctima del dolor y de este mundo caído.
Mi verdadero deseo es que sea el amor y la gracia de Dios lo que al final prevalezca en este caso.