La Verdad con Gracia para cambiar corazones en la cultura actual.

October 20, 2026  •  Leave a Comment

Apuntando al verdadero Salvador: La Verdad con Gracia para cambiar corazones en la cultura actual.

Con motivo del Día del Pastor, los cuatro pastores que servimos en la congregación de CrossPointe Español recibimos varios regalos. Curiosamente, los detalles que nos entregaron, todos tenían la siguiente frase grabada:

 

💬«I am not a miracle worker. I am a pastor, but I can lead you to someone who is.» 

💬«No soy un hacedor de milagros. Soy un pastor, pero puedo guiarte hacia Dios, quien sí lo es».

 

Al leerla comprendí que esa verdad desmantela cualquier soberbia o pretensión humana en el ministerio de un pastor.

Ningún pastor, ningún cristiano ni ninguna institución tiene en sí mismo el poder de cambiar corazones o resolver por fuerza propia la gran confusión moral de nuestra época. Nuestra única y gloriosa misión como equipo y como iglesia es ser un indicador claro que señala hacia Jesucristo.

 

Muchos de los que me conocen me han escuchado decir que la iglesia es como un laboratorio, un tubo de ensayo donde Dios junta químicos (personas) de trasfondos, historias y opiniones totalmente opuestas. 

Al reaccionar en la convivencia bajo la gracia de Dios, el orgullo se elimina y surge algo completamente nuevo: vidas transformadas.

 

No estamos aquí porque seamos mejores que el mundo, sino porque estamos siendo procesados juntos en el tubo de ensayo de Dios.

 

Lamentablemente la cultura moderna confunde el desacuerdo con "odio". Y creo que la confusión se debe a que han fusionado lo que opinamos con nuestra identidad.

 

En el pasado, una persona sostenía una opinión; hoy, la cultura ha vinculado los deseos y estilos de vida con la esencia misma de "quién es" la persona. Por eso, cualquier crítica moral se percibe como un ataque a su existencia.

 

También creo que se ha cambiado la tolerancia clásica (respetar la dignidad del otro a pesar de no estar de acuerdo) por la exigencia de validación obligatoria. Quien no aprueba un estilo de vida es etiquetado como “enemigo”.

 

Y llegó mi momento preferido, el momento “Pero Dios”. 

Pero Dios en el Evangelio nos enseña a separar el valor sagrado de la persona creada a imagen de Dios (Imago Dei) de sus conductas. Si el desacuerdo significara odio, la búsqueda de la verdad y la convivencia social serían imposibles.

 

No tengo la menor duda de que un verdadero cristiano no debe comunicar la verdad desde un trono de superioridad. La Biblia declara que todos los seres humanos estamos destituidos de la gloria de Dios.
 

Tanto la persona que vive totalmente alejada del diseño bíblico como el “religioso autosuficiente” comparten exactamente la misma condición: son pecadores que necesitan desesperadamente un Salvador.

 

Cuando los cristianos señalamos las faltas del mundo pero excusamos las propias, traicionamos la gracia de Dios. 

Ninguno de nosotros, y me incluyo como pastor, somos jueces; somos pecadores perdonados invitando a otros al mismo hacedor de milagros.

 

Frente al lema secular y muy popular de «es mi cuerpo, mi elección o es mi verdad y es mi derecho», la fe bíblica y la ley natural nos recuerdan que la vida y la sexualidad no son fruto del azar, sino de un diseño de Dios con propósito.

 

Leyendo la Biblia aprendí que la verdad no se inventa, se descubre: cuando la moral se basa únicamente en el sentimiento individual, la sociedad se fragmenta en millones de "verdades" que inevitablemente chocan entre sí.

 

Debemos entender que ”tener un deseo no nos obliga a actuar”. Uno de los mayores engaños de hoy es asumir que todo deseo profundo debe ser validado o llevado a la práctica.

 

¿Imaginan lo que sucedería si todos nuestros deseos los lleváramos a la práctica? Todos los seres humanos experimentamos impulsos que debemos frenar.

 

Sometemos los sentimientos a la verdad de Dios no por opresión, sino por la verdadera libertad y madurez del carácter.

 

Entonces creo que como pastor y como cristianos debemos preguntarnos: ¿cómo debemos actuar frente a un mundo que nos acusa de odiar solo por no amoldarnos a sus corrientes?

 

La contestación está en el mismo Evangelio. La respuesta de la Iglesia no puede ser el silencio cobarde ni la confrontación destructiva. Nuestro modelo es Cristo: lleno de gracia y lleno de verdad (Juan 1:14).

 

No somos hacedores de milagros para cambiar la cultura por nuestras propias fuerzas. Pero dentro y fuera del "tubo de ensayo" de la iglesia, nuestro testimonio debe demostrar que es posible sostener la Verdad de Dios sin perder la compasión, amando sinceramente a las personas y guiándolas con paciencia hacia Aquel que sí puede transformar sus vidas para siempre.

 

¡Que Dios los bendiga!

 

 


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